Génesis

Magia, por su asombrosa armonía en la construcción. Magia, también, por su idealidad. Y magia, por su repetición a lo largo de las tradiciones humanas.El número12, o dodecanario (cuya figura geométrica correspondiente es el dodecaedro) aparece en muchas mitologías, en las que se establecían 12 Dioses Mayores; en la distribución de la rosa de los vientos (Eurus, Scolans, Notus, Auster, Africus, Euroauster, Zephirus, Stannus, Ireierus, Boreas, Aquilo, Volturnus); también entre los indios védicos, para quienes los 12 días del centro del invierno boreal, de Navidad a Epifanía, eran una imagen y réplica del año entero; lo mismo en la tradición china. Está la división del medio día en 12 horas; la del año en 12 meses; en música, la escala tonal dodecafónica; en astrología, los 12 signos del zodíaco y los 12 del horóscopo chino.

Y la lista sigue, pues esta constitución dodecanaria se halla por donde quiera que se investigue: 12 son en el ‘consejo circular’ del Dalai Lama; 12 los hijos de Jacob, jefes de las 12 tribus de Israel (Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín); 12 los apóstoles (Pedro, Andrés, Felipe, Bartolomé, Santiago, Alfeo, Judas Tadeo, Santiago, Juan, Tomás, Mateo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote); 12 los caballeros de la Tabla Redonda; 12 los históricos Pares de Francia; 12 las divisiones del Estado Etrusco; 12 los lictores que instituyó Rómulo. Mayor atemporalidad, imposible.

Platón consideraba que el hacedor del universo había creado el orden a partir del caos primordial por medio de las formas y los números esenciales, que actuaron como modelo arquetípico, como interconexión entre el reino superior y el inferior. Son cinco esos cuerpos esenciales, es decir, aquellos únicos cuerpos regulares que tienen todas sus aristas y ángulos internos iguales, a los que Platón asignó un elemento básico de la naturaleza: cubo=tierra, tetraedro=fuego, octaedro=aire, icosaedro=agua, mientras que al dodecaedro le reservó el elemento más importante, la quinta esencia o éter.

Y esto se debe a que había descubierto que el dodecaedro, el poliedro que por el valor que alcanzan las aberturas de sus ángulos se acerca más a la perfección de la superficie esférica, expresaba en términos matemáticos (lenguaje de la Creación), la divinidad de la forma esférica, mediante sus 12 caras pentagonales (pentágonos de donde se obtuvo la proporción áurea, repetida en toda la naturaleza), 20 vértices y 30 aristas.